Exposición Isabel Guillermo – Gran Vía 9, Madrid

Exposición Isabel Guillermo – Gran Vía 9, Madrid

Lunas y tierras heridas

 

La deshumanización del paisaje y el exceso humano.

 

 

El paisaje, antaño espejo del alma humana, se presenta hoy ante nosotros como un cuerpo exhausto, marcado por las huellas de un consumo sin reposo. En las obras de Isabel Guillermo, ese territorio herido se transforma en una suerte de arqueología contemporánea, donde los restos de nuestra producción masiva —objetos en su último aliento, despojos que alguna vez fueron útiles o deseados— emergen revestidos de una nueva belleza. Su pintura convierte la basura en materia poética, en evidencia estética de una civilización que deja huellas tan brillantes como devastadoras.

 

 

Las formas geométricas que conforman sus lienzos —círculos, triángulos, rectángulos— fragmentan el paisaje, al igual que nuestra mirada fragmenta la realidad. Al recorrer la exposición, el espectador se encuentra con composiciones que se agrupan o se dispersan, como los vestigios que el mar deposita en la orilla tras una marea. Nada es azaroso: esa disposición reproduce la manera en que la huella humana se dispersa por el planeta, unas veces ordenada, otras caótica, siempre persistente.

 

 

Isabel, fiel a su espíritu experimental, emplea la técnica mixta como un territorio de resistencia y transformación. Sus superficies pictóricas, vibrantes y coloridas, combinan lo matérico y lo simbólico en un diálogo entre lo real y lo imaginado. Hay destellos de realismo en los objetos que pinta, pero también una intención deliberada de disolverlos en la atmósfera pictórica, como si el paisaje intentara digerir —en vano— los excesos de la humanidad.

“Mis imágenes son la arqueología mórbida de lo que hoy acumulamos”, escribe la artista. Y en efecto, cada obra parece contener una cápsula del presente: una memoria del desecho, un testimonio de la  saturación. En ese universo visual, la naturaleza no desaparece del todo; se resiste, se mezcla con lo humano, sobrevive entre la densidad de la pintura. Es una naturaleza herida pero no vencida, que nos devuelve la mirada desde su propia ruina.

 

 

La exposición invita a detenerse y pensar en esa relación que hemos trivializado: el paisaje como objeto de uso, como decorado de la existencia. La artista nos recuerda que el entorno no es algo que pisamos, sino aquello que nos sostiene y nos define. Su obra nos enfrenta a nuestra propia vulnerabilidad, a la paradoja de un progreso que devora lo que le da vida.

En el contexto urbano de una ciudad como Madrid —donde el hormigón sustituye al horizonte y el consumo acelera los días—, las lunas y tierras heridas de Isabel Guillermo actúan como espejos de una conciencia necesaria: la de reconocernos parte del paisaje que deterioramos. Entre lo bello y lo incómodo, su pintura abre un espacio para la reflexión sobre lo que somos, lo que desechamos y lo que aún podríamos recuperar.

Corina De Sousa

 

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